martes, 2 de agosto de 2011

Hombres maltratadores, mujeres golpeadas Considerado un problema de derechos humanos y de salud pública, la violencia familiar está presente en una de cada cinco parejas en el mundo; historias de las que decidieron decir "basta"

Documento / Nota I / Testimonios

Domingo 21 de mayo de 2006 | Publicado en edición impresa

 
 
Hombres maltratadores, mujeres golpeadas
.  / Martín LucesoleVer más fotos
"La tierra del silencio es la que hace el humus más fértil. Si el crimen no se nombra, es menos crimen, porque la palabra es el primer testigo incómodo"
Griselda Gambaro
Fue en el Día de la Madre, en 2005. Darío quiso ahorcarla.
"Llegué a ponerle un pie en la cara. ¿Sabes cómo se llama eso? Eso se llama pi-so-te-ar-la. Todos los nervios, las broncas que tenía con los demás, me las agarraba con mi señora, con mis hijos. Hasta que ese día estuve a punto de ahorcarla y ella dijo BASTA."
Nancy hizo la denuncia. Llevaba trece años de casada y los mismos de silencio. El personal de la comisaría de su barrio la orientó en los pasos que debía seguir. Pero, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los casos, Nancy y Darío no se separaron.
"No puedo decirte por qué decidí seguir con él –dice ella–. Todavía no me lo pregunté. No es fácil. Me costó mucho aceptar lo que me pasaba, porque me decía a mí misma que no podía estar ocurriéndome. Yo no era ese tipo de persona que uno tiene en el imaginario."
La historia de Nancy y Darío, una pareja de clase media que vive de un comercio en Ezeiza y de las clases de gimnasia que ella da, es apenas un ejemplo de un flagelo presente en una de cada cinco parejas: la violencia.
Se sufre a puertas cerradas, con el silencio como el peor de los testigos y, en ocasiones, con la muerte como corolario visible de ese drama social en el que la mayoría de las víctimas son mujeres que se sienten "merecedoras" del maltrato.
"En casa siempre se contó una anécdota: decían que desde que nací necesité de los golpes para estar atenta. La partera tuvo que darme un buen chirlo para que reaccionara, y por eso siempre se bromeó: "Desde chiquita, Dorita necesitó de las tundas".
Dora, Dorita, es ama de casa. Trabaja como empleada doméstica. En toda su vida, vio el mar "sólo dos veces"; la segunda, después de separarse del hombre que la golpeaba.
La violencia familiar no distingue clases sociales ni nivel educativo. "La violencia no depende de lo económico ni de la formación, sino del aprendizaje cultural –explica Analía Vega, coordinadora de los equipos interdisciplinarios de la Dirección de Coordinación Política de Géneros–. Este es uno de los tantos mitos que sobreviven en este terreno. De la violencia hace uso un hombre sin educación y hasta un médico cirujano; un hombre sin trabajo y uno que tiene varias cuentas abiertas en un banco. Las estadísticas suelen incluir a mujeres de clase media o baja, que son las que acceden a la ayuda pública y dan a conocer sus historias. En otras escalas sociales, el problema es disimulado por medio de las consultas a servicios privados: médicos, abogados y psicólogos. "
Yo, el golpeador Osvaldo tiene 31 años. No pestañea. Mira fijo a los ojos y confiesa: "Yo era un monstruo. Casi mato a la madre de mis hijos. La amenacé con un puñal, la golpeé, no la apuñalé pero sí le pegué con ese puñal en la cabeza. Y todo lo hice delante de mis hijos. Ahora quiero dar la cara. Doy la cara por todo lo que hice, por el hombre que fui".
Respira entrecortado. Con las manos apretadas entre sí, se despega de una silla blanca de plástico, de esas que se adhieren al cuerpo. El aire es caliente, agobiante, y por momentos asfixiante en este cuarto de la Comisaría de la Familia que funciona en Tristán Suárez. Hasta allí se acercó Osvaldo para pedir ayuda. Quería terminar con esa locura. "Sabía que si no paraba en ese momento no iba a tener otra oportunidad. ¿Hasta dónde iba a llegar la próxima vez?", se pregunta, a pesar de que conoce la respuesta.
La falta de datos oficiales en lo referido a registros de violencia familiar da cuenta de la debilidad del sistema público con relación a este tema. De todos modos, realizar un análisis de los casos y de los homicidios en ese marco resulta complejo. En parte, depende de la denuncia de las víctimas, aunque también es cierto que no existe una sistematización en la carga de datos. Fue por eso que el Ministerio del Interior decidió crear un programa oficial destinado a asistir a las víctimas de violencia familiar y abuso sexual.
"El proyecto destinado a la violencia familiar se ocupará exclusivamente de la redacción de una nueva ley acerca de este tema –explica Eva Giberti, coordinadora del programa–. Incluye la creación de una brigada móvil de la Policía Federal para asistencia, atención y acompañamiento de las víctimas." En abril pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dio a conocer la lista de magistrados y demás funcionarios judiciales que conformarán el grupo de trabajo que ayudará en la constitución de oficinas para la atención de este tipo de violencia.
Mientras tanto, las noticias policiales, que suelen hablar equivocadamente de "crímenes pasionales", echan luz cotidiana sobre casos de violencia que tienen como ejecutores, en un 42 por ciento de los casos, a las parejas de las víctimas.
Mi padre, el golpeador
"Yo veía a mi viejo golpear a mi mamá; crecí con eso. Crecí llorando al lado de mi vieja, tratando de consolarla. Hasta que un día dije basta, y lo enfrenté. Así recuerda Osvaldo su niñez en Tucumán. "Pero nunca me imaginé que yo iba a hacer lo mismo, que yo iba a golpear a mi mujer, a mis hijos. Vine a Buenos Aires dispuesto a salir adelante, a formar una familia, y la formé. Al tiempo estaba ejerciendo la violencia igual que él."
Se aprende, es cultural; eso dicen de la violencia. "Existen pautas culturales que venimos arrastrando, en un contexto patriarcal, que marcan diferencias muy notorias en la educación de niños y niñas", analiza el psicólogo y especialista en el área de violencia familiar Jorge Corsi. En este mismo contexto, el mundo de lo privado es el que les corresponde a las mujeres: "Se les asignan los roles de ama de casa, socializadora, reproductora de lo cotidiano –señala María Colombo, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer–. En cambio, los hombres asumen el mundo de lo público, los roles de independencia, racionalidad y solvencia económica".
Aunque son menos, también los hombres pueden sufrir maltrato.
"Nunca denuncié a mi mujer –confiesa Mauro (46), un hombre robusto que advierte que no quiere fotos–. Todo el tiempo ponía en duda mi lugar como hombre. ¿Qué esperaba?, ¿que la golpeara? Nunca lo hice; ella sí. Finalmente, la dejé. Después de 14 puntos en la cabeza."
La psicóloga social Silvia Fairman explica en su libro El hombre maltratado por su mujer (editorial Lumen Humanitas) que estos casos no son reconocidos por la Justicia, ni por la policía ni por la población. "En la Argentina no suele haber cifras de maltrato en los hombres porque no se animan a hacer la denuncia. Menos aún sin son golpeados por sus compañeras."
Tener el control "Me embaracé pensando que al ver la panza iba a dejar de pegarme, que al saber que llevaba un hijo suyo iba a cambiar, que iba a ser como el chico que conocí en la facultad. Pero no. Perdí a mí bebe en el sexto mes. Fue después de una paliza que casi me cuesta la vida a mí también. Era su hijo, pero él estaba seguro de que no", cuenta Martina, licenciada en marketing. Hoy tiene 33 años (prefiere no dar a conocer su rostro), una nueva pareja y un pasado que le dejó como secuela la imposibilidad de embarazarse nuevamente. Hace un año inició los trámites de adopción.
Los embarazos suelen aumentar los niveles de violencia, por lo que es frecuente que a los hospitales lleguen mujeres con pérdidas y con golpes que suelen ser fatales para la madre y para la criatura. "Tengo fresca la imagen de una mujer con un embarazo de siete meses que llevaba estampada la zapatilla del hombre que la había pateado", cuenta Liliana Balacco, inspectora de la Dirección General de Coordinación Política de Género. Una de las características de los hombres con conducta violenta es el control y la dominación, por lo que el embarazo se convierte en una amenaza hacia ese control. "Por lo general, en el marco de la violencia familiar los golpes están dirigidos a la cabeza de la víctima –señala la licenciada Analía Vega, coordinadora de los equipos interdisciplinarios de la Dirección de Coordinación Política de Géneros–. Durante el embarazo, lo más frecuente es que vayan hacia la panza, los senos y los genitales." Un avasallamiento a la condición femenina.
Osvaldo, que estuvo nueve años con su mujer, dice ahora: "No sé si la amaba. Yo creía que sí, pero hoy no lo sé. Traje tres hijos al mundo sin saber qué era hacer el amor. Lo hacía por pura satisfacción, sin importarme si ella quería o no. ¿Cuidarme? Para qué. Era sólo satisfacción. Los embarazos siempre fueron momentos muy críticos: me irritaba fácilmente porque me ganaba la desconfianza. Yo estaba seguro de que ella me engañaba, de que ese hijo por venir no era mío. Vivía haciéndoselo sentir. Le hice perder un embarazo. Tuve mi momento de arrepentimiento, pero mis dudas siguieron por mucho tiempo comiéndome la cabeza".
Aun en el marco del matrimonio puede hablarse de abuso sexual. Aquellas relaciones obligadas en las que la mujer no elige ni el momento ni las condiciones son las violaciones perpetradas por su pareja. En muchos casos, las víctimas no sólo están expuestas al abuso psíquico y físico, sino también al riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados. En Francia, por ejemplo, el 46,9 por ciento de las mujeres fueron violadas por su cónyuge o ex pareja.
"Me costó asumir que sufría violencia. Ya separados, él abusó de mí sexualmente –narra Marcia (32)–. El no podía entender cómo yo había bajado más de 20 kilos. Me decía: «Claro, ahora te cuidás, ahora te ponés linda». No dejaba de preguntarme si estaba con alguien, si salía con «algún macho». Lo que no sabe es que no yo adelgacé por una cuestión estética, sino porque estuve un mes sin comer, con una gran angustia. Me levantaba y lo único que hacía era llorar y fumar. Ni siquiera podía atender a mis hijos." Nunca volvió con él.
Osvaldo y Nancy están en otro plan. Desde aquel Día de la Madre de 2005 creen que su historia empezó a cambiar. Aquel episodio "no fue el primero, pero sí el último", dice ella, poniendo énfasis en cada palabra.
¿Qué fue lo que cambió? "Su compromiso", aclara Nancy.
Nidia no puede decir lo mismo. Ella, a su marido, nunca le escuchó pedir perdón. "Tenía la esperanza de que fuera a cambiar, pero no. Esta es la última vez que me pega", dice, con angustia, y muestra los moretones que marcan su rostro y sus brazos.
"No quiero hacerlo más y no lo voy a hacer más –asegura Darío–. Después de que mi señora hizo la denuncia hablamos mucho en casa, y lo seguimos haciendo con el psicólogo que trabaja en la comisaría. Empecé con los grupos de hombres con conductas violentas y ella, con el de mujeres maltratadas. Mi compromiso es real. Para mí fue muy importante que mis hijos se acercaran y me dijeran: «Papá, si estás enfermo nosotros te vamos a curar ». También me di cuenta de que mis hijos necesitaban ayuda, que ellos estaban sufriendo."
Mientras posa para la foto que se publica en la tapa de esta Revista, sus hijos lo están mirando. La comunicación se convirtió para Nancy, Darío y sus chicos en uno de los pilares de la familia. Todo lo hablan, nada se oculta.
"Poné en el epígrafe que lo nuestro es una misión cumplida", dice Darío.
Nancy respira profundo. Piensa que todo irá mejor. Toma con sus manos las de esta cronista y expresa su deseo más profundo: "Esta vez, espero que no me falle la intuición".
Femicidios Por Silvia Chejter *
En todo el planeta y día a día hombres y mujeres son asesinados. Mientras los asesinatos contra hombres, más numerosos, por cierto, ocurren por motivos diversos, los de mujeres en su gran mayoría son crímenes sexistas y sexuados. Muchos casos son de violaciones seguidas de homicidio, de mujeres prostituidas asesinadas por organizaciones mafiosas que las explotan, etcétera, pero muchísimos más son cometidos en el marco de las relaciones de pareja.
En la Argentina, entre 1997 y 2003 fueron asesinadas 1284 mujeres en la provincia de Buenos Aires. En los casos en que se conoce al victimario, el 70% corresponde a quien fue su pareja, ex pareja, concubino, novio o amante. Uno de los argumentos que contribuyen a la impunidad de estos crímenes son las argumentaciones que tienden a disculpar y a representar a los agresores como "locos" o a concebir estas muertes como "crímenes pasionales". Estos crímenes deben ser comprendidos en el contexto más amplio de las relaciones de dominio y control masculino sobre las mujeres, propias de culturas patriarcales, con sus múltiples mecanismos de violentar y silenciar. Para dar cuenta del carácter sexista se habla de "femicidios, un concepto que quiere indicar el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género.
* Socióloga. Directora del Centro de Encuentros Cultura y Mujer
Los niños como testigos Por Dr. Norberto R. Garrote *
Es interesante reparar en la trascendencia de la familia y admitir que, más allá del concepto idealizado que tenemos de ella, debemos aceptar que en su seno se desarrollan episodios violentos. Dichos acontecimientos se vinculan con el ejercicio de la fuerza en la interacción de sus miembros. La fuerza que se despliega no siempre es física; frecuentemente es psicológica. Sucede habitualmente que los más vulnerables son los niños, como víctimas que son de la violencia que sufren a manos de sus padres o como testigos de la que protagonizan éstos. Así podrán registrar carencias de estimulación y de afecto que establecerán un vinculo inseguro con las figuras paternas y afianzarán un modelo de sí mismo y de su relación con los demás marcadamente negativo. Aquel que recibe el rechazo y el desprecio por parte de sus progenitores se reconocerá a sí mismo indigno y merecedor de castigos. Las consecuencias pueden estar vinculadas con las secuelas físicas, si fue el castigo corporal el que primó, sin omitir la repercusión que en su salud mental provocará cualquier tipo de maltrato o abuso sufrido.
* Jefe de la Unidad de Violencia Familiar del Hospital General de Niños Dr. Pedro de Elizalde

domingo, 3 de julio de 2011

maltrato a la mujer,fotos,testimonios.

NO ES FÁCIL VER COMO TU PADRE MATA A TU MADRE

  • Alejandro Gómez presenció como su padre mataba a su madre, Antonia Sánchez, de 5 disparos en plena calle en Córdoba en 2001.
  • Este es el escrito que ha mandado a 20minutos.es sobre su vivencia.
  • El teléfono gratuito de atención a víctimas del maltrato es el 016.


"No es fácil. No es fácil perder a una madre siendo apenas un niño de once años. Ver cómo es brutalmente asesinada a manos del que se supone que es tu padre, dejando a dos niños desamparados.

Encuesta

¿Qué término te parece más idóneo para definir la violencia contra las mujeres?

25%




25% Violencia de género


35%




35% Violencia machista


9%




9% Violencia sexista


16%




16% Violencia doméstica


15%




15% Violencia familiar
Aprendí a ser más fuerte, a valorar y apreciar todo lo que tenemos No menos difícil fue salir adelante, intentar llevar una vida normal, cuando en lo más profundo de ti sabes que te han arrebatado algo que te pertenece: el derecho incondicional de todo niño a tener el amor de su madre.
Sin embargo, a través de los años, conseguí extraer algo positivo de tal experiencia. Aprendí que, dentro de la desgracia, tenía la suerte de no encontrarme solo, de contar con una familia que hizo lo mejor que pudo para proporcionarme el afecto, los cuidados y el hogar que necesitaba. Que legalmente luchó por proveerme un futuro, y alzó su voz tantas veces como fueron necesarias hasta que finalmente fue escuchada.
Aprendí a ser más fuerte, a valorar y apreciar todo lo que tenemos y que muchas veces no somos capaces de agradecer. Aprendí, en definitiva, que esta nefasta vivencia mía no caerá en el olvido. Porque desgraciadamente, estas cosas ocurren. Van más allá de nombres, números y estadísticas desperdigados por los medios de comunicación. Se expanden por la sociedad como una plaga, que como he podido observar sorprendido, la justicia parece no asimilar aún. ¿Es que hacen falta más ejemplos para que reaccione?

Profunda pérdida

Cada vez son más las personas que, al igual que yo en su día, sienten esa profunda pérdida en sus vidas.Y es por ello por lo que hoy escribo y lucho. Por todas aquellas mujeres y madres que desde cada punto del planeta sufren en silencio cada uno de los golpes físicos y psicológicos, que cada mañana abren los ojos con el temor de tener que hacer frente a un nuevo día, preguntándose si es eso lo que merecen de la persona que supuestamente les quiere. Nunca es demasiado tarde para levantarse, romper ese silencio, y afrontar esa realidad. Sé que no es fácil, pero sí necesario para aprender a vivir, porque es lo que cada mujer maltratada merece, así como sus seres queridos.
De cada familiar, amigo y conocido, depende hacer constancia de su inmerecida muerte No obstante, tampoco es demasiado tarde para aquellas mujeres que, desafortunadamente como mi madre, ya han muerto a manos de sus parejas, porque de nosotros, cada familiar, amigo y conocido, depende hacer constancia de su inmerecida muerte y promover el cambio. Porque a través de nuestras gargantas, hablaremos por ellas, exigiremos la justicia que ellas no pudieron. A través de nuestras manos escribiremos innumerables testimonios y cartas como esta, plasmando en palabras sus vivencias . Y a través de nuestro dolor reflejaremos el suyo, lo haremos saber y notar tantas veces como sea necesario.
Hoy sé que no estoy solo. Que, por desgracia, muchas personas están en situaciones iguales o parecidas a la mía. Y también sé que, más tarde o más temprano, gracias a nosotros, la mujer maltratada, la justicia y la sociedad reaccionarán finalmente ante esta realidad".





Alejandro Gómez Sánchez

Mujeres maltratadas que viven escondidas: "Las caricias pasaron a ser palizas"


  • Testimonios sobrecogedores de víctimas de la crueldad machista.
  • Cuentan cómo vivieron y viven la pesadilla; aún hoy tienen miedo.
  • Primera entrega de una serie sobre las víctimas de la violencia machista que '20minutos.es' irá publicando a lo largo de esta semana.
  • Teléfono gratuito de atención a víctimas del maltrato 016.

Encuesta

¿Qué término te parece más idóneo para definir la violencia contra las mujeres?

25%




25% Violencia de género


35%




35% Violencia machista


9%




9% Violencia sexista


16%




16% Violencia doméstica


15%




15% Violencia familiar
La lacra de la violencia machista no da un respiro. 2010 va camino de convertirse en el peor año de la década. A falta de algo más de un mes para que finalice el año, 63 mujeres han muerto a manos de sus parejas o ex parejas, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. La última de ellas, tenía 32 años y murió el viernes apuñalada presuntamente por su marido en Tenerife. En total, el número de fallecidas suma ya ocho más que en todo el año anterior. Esa cifra podría ser aún mayor de confirmarse alguno de los tres casos que se encuentran bajo investigación. 2008 fue el año más trágico del que hay registros oficiales: 76 asesinadas.
Más de 100.000 mujeres reciben hoy atención por culpa de la violencia que sufren de sus parejas o ex parejas
Unos datos que reflejan que algo no funciona, que las campañas de rechazo no llegan o que no se está haciendo lo suficiente para acabar con una violencia que padecen más de 100.000 mujeres en este país. Esta es la cifra de maltratadas que, según el Ministerio del Interior, reciben actualmente atención por ser víctimas de la violencia machista. 33 de ellas están en situación de máximo riesgo. Necesitan vigilancia todos los días, las 24 horas, mañana, tarde y noche.
20minutos.es ha estado con cuatro de estas víctimas, que viven escondidas para evitar que sus agresores den con ellas. Ni siquiera sus familiares pueden saber dónde están. Tienen miedo de morir asesinadas. Por seguridad no revelan su nombre ni muestran su imagen.

Mujer de guardia civil

"Los ponía en fila y les daba con la correa"
No fueron más que dos o tres segundos, o algo menos incluso, pero nunca lo conseguirá borrar de su mente. Su ex marido, un agente de la Guardia Civil, llegó a casa de muy mal humor, como de costumbre. Pronto se desató la bronca y, sin mediar palabra, echó mano del cinturón. "Vi la pistola en mi cabeza", recuerda esta mujer que aún tiene pánico a ser encontrada por su agresor.
A sus más de 50 años, y después de ser brutalmente agredida física y sexualmente durante 33, ha conseguido huir de su peor enemigo. Lo hizo hace 17 meses. Salió con lo puesto y se fue a una residencia de mujeres maltratadas porque su ex pareja la buscaba. Sus cinco hijos lo hicieron hace bastante tiempo. Ellos también fueron maltratados. "Los ponía en fila y les daba a elegir el cinturón con el que quería que les azotara", cuenta entre lágrimas. Recuerda que todos se independizaron muy jóvenes cansados de las palizas.

Casada con un español

"Decía que me iba a denunciar por ilegal"
Conoció a su agresor con algo más de 24 años. Su abuela se lo presentó por teléfono y, aunque tenía 20 años más que ella, terminó enamorándose de él y se vino a España con su hija. Una vez en su casa las cosas empezaron a cambiar. "Los piropos se convirtieron en desprecios y las caricias en palizas", relata algo asustada. Pese a que lleva 18 meses fuera de su cárcel (los escasos 50 metros cuadrados del piso donde vivía con su verdugo), aún le cuesta tener una conversación con un hombre. "Han sido más de cinco años de golpes y amenazas, pero lo peor de todo es que también pegaba a los pequeños", dice.
No denunció antes su calvario porque su ex pareja "decía que me iba a denunciar por no tener papeles", cuenta. Ahora su vida depende de un juicio. Puede perder la custodia de los dos hijos que tuvo con él y ser deportada.

Profesora universitaria

"Me forzaba hasta dejarme sangrando"
Hace poco que tomó la decisión de separarse definitivamente de su pareja. Ya lo había intentado en varias ocasiones pero, al final, por unas circunstancias u otras, volvía. Cuenta que la primera vez que pensó abandonarlo fue durante unas vacaciones en Cádiz. Su agresor se enfadó porque tardaba mucho en arreglar a los dos niños para ir la playa y ella le dijo que si le hubiera ayudado habría tardado menos. "Nunca más le repliqué", asegura.
Fue la primera vez que la dejó sangrando. Empezó a zarandearla y sin mediar palabra le dio un cabezazo en toda la cara. La dejó sangrando e inconsciente. "Cuando me levanté tenía a mis dos pequeños llorando a mi lado", recuerda llorando esta mujer de 40 años. Aunque cuando más la humillaba, explica susurrando, era cuando "me forzaba sexualmente hasta que me dejaba sangrando y luego se reía". Como en las historias anteriores, sus dos hijos también fueron maltratados. En una ocasión, uno de ellos se puso enfermo porque su padre le obligó a pasar varias horas fuera de casa porque lloraba. Era invierno y había nevado.
Cuando contó los maltratos a los pequeños ante un tribunal, el juez dijo que se trataba del derecho de corrección (a educar) del padre.

María Quintana. Presidenta de la Asociación Juntos contra la Violencia Doméstica.María Quintana, 51 años.

Pta. de la Asociación Juntos contra la Violencia Doméstica

"Era como un títere en sus manos"
Jamás se colocaría en un bar de espaldas a la entrada, ni iría sola al cine. Sigue al pie de la letra una lista de precauciones por si su ex pareja da con ella. Hace 12 años que decidió denunciarlo, pero aún tiene miedo, aseguró a 20minutos.es María Quintana, toda una superviviente del maltrato machista. Como casi todas las víctimas de esta lacra, explica, todo comenzó con unos ligeros desprecios, "que poco a poco te anulan por completo", seguidos de pequeños empujones y la primera paliza. "Era como un títere en su manos", asegura, mientras recuerda que tardó más de seis años en reconocer que era una mujer maltratada. Pese a que ha tenido que soportar 18 años de palizas, agresiones sexuales e insultos, María es una mujer nueva. "Lo más difícil es decir 'hasta aquí he llegado' y denunciar. Aprender a ser feliz es muy fácil, con no acordarte de él...", cuenta con ironía.
63 fallecidas en 2010
  • Nacionalidad: la mayoría de las mujeres muertas este año en España por violencia de género eran de nacionalidad española. Un total de 39 frente a las 24 extranjeras que perdieron la vida. La franja de edad más afectada es la de 31 a 40 años. Hay que destacar que en la mayor parte de los casos las mujeres fallecieron apuñaladas.
  • Dónde se cometieron los crímenes: Andalucía es la comunidad en la que más muertes se han producido (15), seguida de Cataluña (10) y Comunidad Valenciana (7).
  • El agresor: en cuanto a los 63 agresores, 37 son españoles y 26 extranjeros. La mayoría tienen entre 31 y 40 años. Por otra parte, 11 de ellos se suicidaron tras matar a su pareja o ex pareja.
  • Denuncias: de las 63 muertas, sólo 14 habían denunciado a sus agresores. De éstas, 12 solicitaron medidas de protección y dos no las obtuvieron. Además, en seis de estos casos el agresor quebrantó la orden de alejamiento.


Los juzgados dictan cada día cuatro órdenes de protección a las mujeres maltratadas

  • En la provincia crecen un 78% entre 2007 y 2008 por la pérdida del miedo a denunciar de las víctimas.
  • El alejamiento es la medida que más se toma.

Cuatro órdenes diarias de protección a mujeres maltratadas dictadas por los juzgados de la provincia dan fe de que nuestra sociedad se encuentra aún muy lejos del final del túnel.
Las 1.520 órdenes en 2008, según los datos del Consejo General del Poder Judicial, han aumentado un 78% respecto a las 854 registradas en 2007. La explicación se configura a través de una suma de factores: «Las mujeres están denunciando más rápido. Saben que gracias a las instituciones podrán salir adelante y se atreven más. También las inmigrantes están teniendo más confianza en las instituciones. Ahora tienen información de que se les va a apoyar. Cuando existe una sentencia de malos tratos se inicia la regularización, aunque no es fácil conseguirla», resume Pilar Oriente, coordinadora provincial del Instituto Andaluz de la Mujer.
Entre las medidas que suelen acompañar a las órdenes de protección destacaron las 1.525 de alejamiento, las 1.465 de prohibición de comunicación o las 562 por las que no se puede volver al lugar del delito. Además, el año pasado pasaron por los tribunales casi 9.000 delitos de esta índole (8.966), de los que más de 7.000 fueron por lesiones.
4 PREGUNTAS A... Pilar Oriente. Coordinadora del Instuto Andaluz de la Mujer. 
  • 1 ¿Se observa un aumento en Málaga de los comportamientos agresivos? La violencia ha existido siempre y sus causas son el machismo y la desigualdad. Nos va a costar mucho acabar con esa mentalidad, pero no han crecido.
  • 2 ¿El maltratador es recuperable? No está demostrado que tengan mucho éxito los tratamientos, pero hay que intentarlo. Muchos son reincidentes y los índices de éxito son muy bajos porque no reconocen que son maltratadores.
  • 3 ¿Ha cambiado el perfil de la víctima? La media de edad ha bajado. Antes la mayoría tenía unos 45 años (madres de varios hijos) y ahora un tercio de ellas es menor de 30.
  • 4 ¿Por qué sólo el 1% de las agredidas presentan por sí mismas la denuncia? Les cuesta mucho trabajo. Muchas necesitan primero un tratamiento psicológico y sólo piden que el agresor las deje en paz, pero no quieren que el padre de sus hijos tenga que ir a la cárcel.
 SI TE PEGA... NO TE QUIERE
SI LO HACE 1 VEZ... LO HARÁ SIEMPRE.


PARA TÍ , MUJER







UN DEFECTO EN LA MUJER
Para cuando Dios hizo a la mujer, ya estaba en su sexto día de trabajo de horas extras.
Un ángel apareció y le dijo: -"¿ Por qué pones tanto tiempo en esta?"
Y El Señor contestó - "¿ Has visto mi Hoja de Especificaciones para ella?"
Debe ser completamente lavable, pero no ser de plástico,
Tener más de 200 piezas movibles, todas reponibles y
Ser capaz de funcionar con una dieta de cualquier cosa y sobras,
Tener un regazo que pueda acomodar cuatro niños al mismo tiempo,
Tener un beso que pueda curar desde una
rodilla raspada hasta un corazón roto y
Lo hará todo con solamente dos manos."
El ángel se maravilló de los requisitos. - "Solamente dos
manos....Imposible! " Y ¿este es solamente el modelo estándar? Es demasiado trabajo para un día...Espera hasta mañana para terminarla.

-No lo haré,-protestó el Señor.-Estoy tan cerca de terminar esta
creación que es favorita de Mi propio corazón. Ella ya se cura sola cuando está enferma Y puede trabajar días de 18 horas."

El ángel se acercó más y tocó a la mujer. -"Pero la has hecho tan suave,Señor
"Es suave"- dijo Dios, -pero la he hecho también fuerte. No tienes idea de lo que puede aguantar o lograr.
-"¿Será capaz de pensar?" preguntó el ángel.
Dios contestó: -"No solamente será capaz de pensar sino que razonar y de negociar"
El ángel entonces notó algo y alargando la mano tocó la mejilla de la
mujer.... -"Señor, parece que este modelo tiene una fuga... te dije que estabas tratando de poner demasiadas cosas en ella"
-"Eso no es ninguna fuga... es una lágrima" -lo corrigió El Señor.
-"¿Para qué es la lágrima?," preguntó el ángel.
Y Dios dijo: -"Las lágrimas son su manera de expresar su dicha, su pena, su desengaño, su amor, su soledad, su sufrimiento, y su orgullo."
Esto impresionó mucho al ángel -"Eres un genio, Señor,pensaste en todo. La mujer es verdaderamente maravillosa"
-Lo es !
La mujer tiene fuerzas que maravillan a los hombres. Aguantan
dificultades, llevan grandes cargas, pero tienen felicidad, amor y
dicha.
Sonríen cuando quieren gritar.Cantan cuando quieren llorar.
Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas.
Luchan por lo que creen. Se enfrentan a la injusticia. No aceptan un "no" por respuesta cuando ellas creen que hay una solución mejor.
Se privan para que su familia pueda tener.
Van al médico con una amiga que tiene miedo de ir.
Aman incondicionalmente.
Lloran cuando sus hijos triunfan y se alegran cuando
sus amistades consiguen premios.
Son felices cuando escuchan sobre un
nacimiento o una boda.
Su corazón se rompe cuando muere una amiga. Sufren con la pérdida de un ser querido, sin embargo son fuertes cuando
piensan que ya no hay más fuerza.
Saben que un beso y un abrazo pueden ayudar a curar un corazón roto.
La mujer viene en todos tamaños, en todos colores y en todas figuras. Van a conducir, volar, caminar, correr
o mandarte un mensaje electrónico para mostrarte cuanto le importas.
El corazón de las mujeres es lo que mantiene moviéndose al mundo.
Sin embargo, hay un defecto en la mujer: Es que se le olvida cuánto vale.
Mándale esto a tu amigas para recordarles lo maravillosas que son.... también a los hombres que conoces, porque a veces necesitan que se lo recordemos.



El NO de Carmen

violencias
El NO de Carmen
El acoso sexual en las relaciones laborales suele ser un hecho invisible que, según las últimas estadísticas –pocas y sin actualizar– de la OIT, alcanza casi a un 20 por ciento de las trabajadoras. La falta de legislación y jurisprudencia convierte en una odisea denunciar el hecho y conservar el puesto de trabajo. Un caso en Rosario devela una trama que muchas más sufren en silencio.



Carmen lleva la angustia en los ojos. Sueña lo mismo desde hace dos años. Se ve detrás de las rejas del frente de la empresa Mastellone y mira cómo todos entran a trabajar. Ella quiere llamar por teléfono para que le pidan perdón, pero no puede. La sensación de impotencia es la misma que entonces, cuando sufrió el acoso sexual, un ciclo de propuestas y hostigamiento que duró más de un año. “Siempre ruego que todo esto que me pasa sea una pesadilla”, dice ahora. Le cuesta hablar sin que se le llenen los ojos de lágrimas. Hace un esfuerzo, y desgrana con frondosos detalles la historia de su paso por la sucursal Rosario de la comercializadora láctea más importante del país, signada por una relación conflictiva con el gerente. Su caso terminó con el despido tanto del acosador como de la acosada, que fueron igualados por la empresa en la exclusión.

Carmen tiene 35 años, un apellido y un número de expediente que se tramita en la Justicia. No volvió a conseguir trabajo desde octubre de 2001. Y siente una infinita vergüenza, que la hace preguntar varias veces durante la nota si se cumplirá el compromiso de ocultar su nombre. “Bastante lo mancharon desde la empresa, diciéndoles cosas terribles de mí a los clientes”, justifica el pedido de anonimato.
No hay una sola Carmen, sino muchas, y la mayoría no llega a presentar una demanda. El subregistro se alimenta de la falta de legislación adecuada que proteja los derechos laborales de la denunciante y la dificultad de probar el acoso, que termina convirtiendo el proceso judicial en una nueva victimización.
Pero los números recogidos por la Organización Internacional del Trabajo son elocuentes. Según un informe de 1996, la Argentina es uno de los países con más alta tasa de acoso sexual en el mundo. El 16,6 por ciento de las mujeres dieron cuenta de incidentes de carácter sexual en su ámbito laboral. A pesar de las recomendaciones del organismo, no existen cifras estadísticas ni estudios sobre el tema. Los únicos números disponibles pertenecen a una encuesta de 1994, entre empleadas de la Unión del Personal Civil de la Nación, donde se consigna que el 47,4 por ciento de las entrevistadas sufrieron acoso.

Desde su larga experiencia, Mabel Gabarra, abogada del Instituto de Estudios Sociales y Jurídicos de la Mujer (Indeso), considera que “no hay conciencia de la gravedad de esta violencia. En el imaginario social existe la idea de que la mujer que sufre un acoso es porque se lo buscó, por cómo se vistió o se maquilló. En verdad, lo que subyace es la dificultad para aceptar el no de una mujer. Y por eso, cuando me preguntan cuándo se puede hablar de acoso, es muy simple. Si a la mujer le molesta, lo es”.


Para Susana Treviño, abogada especializada en acoso sexual que trabaja para la Asociación de Empleados de Comercio de Rosario, la falta de una ley nacional es el escollo más grave. Pero no cree que deba hacerse por la vía de una modificación del Código Penal. “Estimo que sin más dilaciones debe dictarse una ley nacional. Es curioso cómo la presencia de legisladoras con trayectoria en temas de género produjo una legislación sobre abundante sobre otras problemáticas, pero este tema sigue siendo tabú, no se pudo avanzar más allá de la existencia de proyectos”, analiza la profesional, que atribuye esta situación a la falta de conciencia sobre la problemática. “Crear nuevas penas no conducirá a mejorar un problema social. Creo que al acoso se lo considera un tema menor. En otros países, se cuidan de decirle una grosería a una mujer por la calle porque saben que son pasibles de una denuncia por acoso sexual”, afirma Treviño.

La falta de una ley nacional obliga a los abogados del sindicato de Carmen –Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra)– a recurrir a la figura del daño moral para que el delito obtenga un castigo. El caso se tramita en el juzgado laboral número 2 de Rosario, a cargo de Francisco Collado. Si un fallo favorable significará una reparación simbólica, es algo que Carmen no puede resolver con psicoanálisis, por ejemplo, porque después del despido se quedó sin obra social. Está desganada, le cuesta salir de su casa, se atemoriza cuando enfrenta una entrevista laboral, y no se cansa de contar que durante los cinco años que trabajó en Mastellone fue “la mejor vendedora”, que tras su despido sus clientes firmaron una nota para que permaneciera. Ella misma los contactó, en una tarde de sábado lluviosa, recorrió los negocios donde llevaba los productos con la misma moto de siempre, que ese día no respondía. Fue de almacén en almacén toda mojada, pero convencida de la justicia de su reclamo, y obtuvo el aval de todos los comerciantes de su zona, en el norte de la ciudad.
No es el único orgullo que siente Carmen, también menciona que fue escolta de la bandera en el instituto terciario donde estudió Administración de Empresas. Envía a su hijo de 13 años a una buena escuela privada y también a estudiar inglés. No tiene pareja, como muchas de las víctimas de acoso, elegidas por sus empleadores por ser más vulnerables. Además, Carmen vive con sus padres. Más bien, sobreviven con la jubilación de empleado de Agua y Energía del padre y los 300 pesos de la cuota de alimentos por su hijo. Cuando trabajaba en Mastellone, Carmen estaba acostumbrada a tener un buen sueldo. “Como siempre hacía muy buenas ventas, mis comisiones eran altas”, recuerda.



Poco tiempo después de ingresar, el gerente Sergio Cufré comenzó a apuntarla para ascender. Vendía muy bien, y por eso él la llevaba a su oficina, aislada del resto de las preventistas –sus compañeras–, y alentaba sus ambiciones de progreso. “Di mi vida en esa empresa, creía que iba a ser supervisora y que me iba a quedar ahí para siempre”, dice todavía en pleno duelo por la pérdida tanto de su empleo como de su estabilidad emocional.
El gerente tenía mala relación con el resto de las empleadas, y lo primero que hizo fue aislar a su, hasta entonces, protegida. Cuando llegaba una compañera nueva, era la elegida para enseñarles el trabajo. Si personal jerárquico de la sede central de la empresa llegaba a Rosario, visitaban la zona de Carmen. Su orgullo eran los abultados números de sus planillas de ventas.
Mientras tanto, entre el gerente y la preventista se había formado lo que ella calificó como “una amistad”. Hasta que Cufré traspasó los límites. “Aparecía en mi casa, iba a buscarme a los negocios donde sabía que yo tenía que estar, y me decía que le pasaban otras cosas conmigo. Me invitó a viajar con él. Pero yo no sentía lo mismo”, afirma. Cuando ella expresó el rechazo, el proceso fue inverso. Se acabaron las bonificaciones para mejorar los precios de los productos, y con ellas bajaron las chances de vender. También le prohibía a las compañeras conversar con ella, el jefe no le dirigía la palabra.
Después, se enteraría de que otra compañera había pasado por lo mismo. Carmen trabajaba en Mastellone desde 1997, aunque los dos primeros años estuvo contratada por medio de una agencia de empleo. Ese lapso no fue considerado en la indemnización. Cuando el hostigamiento ya estaba en pleno ejercicio, Carmen se afilió al sindicato el último día de noviembre de 2001. Una afrenta a las expresas órdenes en contrario que bajaba la empresa. “Estaba totalmente prohibido. Pero yo necesitaba que me defendieran. También pienso que si ellos no me echaban, todo el mundo se iba a afiliar al sindicato”, afirma. En verdad, ahí empezó un proceso de casi un año. Acompañada por el secretario general del gremio, Edgardo Barbero, Carmen llegó a hablar con el jefe de Recursos Humanos de Mastellone a nivel nacional, Jorge Roldán, en marzo de 2002. Le prometió que se ocuparían de su caso.
Sin poder soportar las agresiones, Carmen pidió una licencia por razones psicológicas en mayo. “Estaba enferma, me pasaba todo el día llorando, nerviosa, sola. Ni siquiera podía respirar ahí adentro”, rememora. Cuando volvió, en agosto, subsistía la prohibición de conversar con ella para el resto de las empleadas. El acosador fue separado de su cargo el 31 de agosto. Carmen siguió haciendo su tarea, aunque el clima en el trabajo no había mejorado del todo. Un día, el 11 de octubre de 2002, estaba recorriendo su circuito de ventas cuando recibió un llamado telefónico del nuevo gerente, Fabio Ramallo, quien la hizo regresar a la planta. Cuando llegó, intuyó lo que pasaba. Estaba el mismo Roldán, quien le comunicó el despido y argumentó que era mala compañera de trabajo. “Me trató tan mal que tuve una crisis de nervios”, cuenta Carmen con lujo de detalles. Le dijo: “Si está deprimida, búsquese otro trabajo y retírese”. Para ella, esa imagen es imborrable, y se repite en sus pesadillas. “Estaba sola, del otro lado de la reja de la empresa, y no podía entrar. Miraba a mis compañeros”, cuenta todavía conmovida. Ese día hubo un piquete del sindicato en la puerta de la empresa, pero el despido sin causa quedó firme. Desde entonces, está en curso la denuncia judicial por daño moral.
Para entender la magnitud de ese daño, hace falta conversar un rato con Carmen y entender la metamorfosis que el acoso significó en su vida. “Nunca me ibas a ver con el cabello sin planchar, y siempre iba bien vestida. Nada que ver con ahora, que no tengo ni ganas de levantarme de la cama, y estoy siempre atemorizada. Necesito trabajar, pero tengo miedo de volver a pasar por lo mismo”, expresa.





Poco tiempo después de ingresar, el gerente Sergio Cufré comenzó a apuntarla para ascender. Vendía muy bien, y por eso él la llevaba a su oficina, aislada del resto de las preventistas –sus compañeras–, y alentaba sus ambiciones de progreso. “Di mi vida en esa empresa, creía que iba a ser supervisora y que me iba a quedar ahí para siempre”, dice todavía en pleno duelo por la pérdida tanto de su empleo como de su estabilidad emocional.
El gerente tenía mala relación con el resto de las empleadas, y lo primero que hizo fue aislar a su, hasta entonces, protegida. Cuando llegaba una compañera nueva, era la elegida para enseñarles el trabajo. Si personal jerárquico de la sede central de la empresa llegaba a Rosario, visitaban la zona de Carmen. Su orgullo eran los abultados números de sus planillas de ventas.
Mientras tanto, entre el gerente y la preventista se había formado lo que ella calificó como “una amistad”. Hasta que Cufré traspasó los límites. “Aparecía en mi casa, iba a buscarme a los negocios donde sabía que yo tenía que estar, y me decía que le pasaban otras cosas conmigo. Me invitó a viajar con él. Pero yo no sentía lo mismo”, afirma. Cuando ella expresó el rechazo, el proceso fue inverso. Se acabaron las bonificaciones para mejorar los precios de los productos, y con ellas bajaron las chances de vender. También le prohibía a las compañeras conversar con ella, el jefe no le dirigía la palabra.
Después, se enteraría de que otra compañera había pasado por lo mismo. Carmen trabajaba en Mastellone desde 1997, aunque los dos primeros años estuvo contratada por medio de una agencia de empleo. Ese lapso no fue considerado en la indemnización. Cuando el hostigamiento ya estaba en pleno ejercicio, Carmen se afilió al sindicato el último día de noviembre de 2001. Una afrenta a las expresas órdenes en contrario que bajaba la empresa. “Estaba totalmente prohibido. Pero yo necesitaba que me defendieran. También pienso que si ellos no me echaban, todo el mundo se iba a afiliar al sindicato”, afirma. En verdad, ahí empezó un proceso de casi un año. Acompañada por el secretario general del gremio, Edgardo Barbero, Carmen llegó a hablar con el jefe de Recursos Humanos de Mastellone a nivel nacional, Jorge Roldán, en marzo de 2002. Le prometió que se ocuparían de su caso.
Sin poder soportar las agresiones, Carmen pidió una licencia por razones psicológicas en mayo. “Estaba enferma, me pasaba todo el día llorando, nerviosa, sola. Ni siquiera podía respirar ahí adentro”, rememora. Cuando volvió, en agosto, subsistía la prohibición de conversar con ella para el resto de las empleadas. El acosador fue separado de su cargo el 31 de agosto. Carmen siguió haciendo su tarea, aunque el clima en el trabajo no había mejorado del todo. Un día, el 11 de octubre de 2002, estaba recorriendo su circuito de ventas cuando recibió un llamado telefónico del nuevo gerente, Fabio Ramallo, quien la hizo regresar a la planta. Cuando llegó, intuyó lo que pasaba. Estaba el mismo Roldán, quien le comunicó el despido y argumentó que era mala compañera de trabajo. “Me trató tan mal que tuve una crisis de nervios”, cuenta Carmen con lujo de detalles. Le dijo: “Si está deprimida, búsquese otro trabajo y retírese”. Para ella, esa imagen es imborrable, y se repite en sus pesadillas. “Estaba sola, del otro lado de la reja de la empresa, y no podía entrar. Miraba a mis compañeros”, cuenta todavía conmovida. Ese día hubo un piquete del sindicato en la puerta de la empresa, pero el despido sin causa quedó firme. Desde entonces, está en curso la denuncia judicial por daño moral.
Para entender la magnitud de ese daño, hace falta conversar un rato con Carmen y entender la metamorfosis que el acoso significó en su vida. “Nunca me ibas a ver con el cabello sin planchar, y siempre iba bien vestida. Nada que ver con ahora, que no tengo ni ganas de levantarme de la cama, y estoy siempre atemorizada. Necesito trabajar, pero tengo miedo de volver a pasar por lo mismo”, expresa.



NIÑA-NOVIA MALTRATADA FOTOS ESCALOFRIANTES

Dicen que esta historia comenzó en 2006, cuando una revista alemana fue permitida para hacer un reportaje de algunas familias afganas.
La protagonista de esta historia “de amor” Madzhabin, una inocente niña de apenas 12 años de edad, que fue obligada a casarse con un hombre mucho mayor que ella. Como si fuera poco, con el correr del tiempo, el hombre propinó duros golpes a la niña, tanto que su espalda llegó a cubrirse de cicatrices horribles y profundas. Después de la última paliza, ella casi no podía ponerse de pie, por lo que decidió huir de su casa, y como es de suponerse, su todavía esposo la busca para matarla.
No puedo asegurar la veracidad de esta historia, pero de ser verdad (creo que realmente lo es), no sería nada extraño, con tantas locuras y estúpidas creencias que hay en el mundo.
Algunas fotos son chocantes. Mirarlas con precaución.

boda afgana maltrato horrible

Aquí vemos al esposo de la niña, junto a ella y otra de sus esposas. El hombre naturalmente está muy contento.
boda afgana maltrato horrible
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Luego de que la niña huyera por los constantes maltratos, quedó con muchas huellas en su cuerpo.




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 NUNCA DEJES QUE TE MALTRATEN...


Mujeres Maltratadas Por Su Pareja 

TODAS TENEMOS DERECHOS!!!


Mujeres Maltratadas Por Su Pareja 

DEBEMOS EXIGIR EL RESPETO!!!

Mujeres Maltratadas Por Su Pareja 

NO TENEMOS PORQUÉ TENERLES MIEDO!!!



Mujeres Maltratadas Por Su Pareja

 NO HAY QUE CALLARSE. LA VOZ SIRVE PARA GRITAR!!!



Mujeres Maltratadas Por Su Pareja 

NO TODOS SON GOLPEADORES... HAY QUIÉNES AMAN


Imagenes De Parejas Enamoradas


 Y CON LOS QUE PODEMOS SER FELICES!!! Y VALEN LA PENA!!!


Pareja





Y CON EL QUE PODREMOS REÍR...




Pareja


 NO VALE LA PENA SUFRIR POR QUIÉN NO NOS QUIERE... NO TE PARECE?



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